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El Monasterio ha sufrido una gran evolución constructiva desde su fundación hasta el siglo XVIII.

Este cambio va a suponer, además de profundas implicaciones religiosas, un saneamiento de la economía de la abadía. Esta situación tiene una clara repercusión en el terreno constructivo: la primitiva fábrica monacal, abandonada y arruinada, experimentará una profunda modernización y ampliación de sus instalaciones.

A esta coordenada cronológica pertenecen el Claustro Reglar y las dependencias que se estructuran a su alrededor: refectorio, cocina, sacristía, sala capitular, celdas etc., construidas por los maestros Bartolomé de Hermosa y Pedro del Campo.

A lo largo del siglo XVII, el conjunto monacal experimenta adiciones y obras de variada índole, que carecieron de la trascendencia de las realizadas en el siglo anterior.

Hay que destacar además en este contexto cronológico la realización del retablo mayor de la iglesia de Oia, vinculado con la aparición de Nª Sª del Mar , entorno al año 1581.

Ya en el siglo XVIII el conjunto monacal de Oia sea objeto de una nueva fase constructiva de gran trascendencia, que va a afectar a su fisonomía exterior.

En lo que se refiere a intervenciones eclesiales, se levanta la nueva fachada del templo comenzada en 1710 y en su interior se construye, años después, la escalera pétrea que comunica el templo con el claustro alto. A este mismo contexto cronológico pertenece el campanario, de bella factura y vinculado con las torres de la escuela compostelana.

Se construyen también en el siglo XVIII las dos galerías que conforman el llamado Patio de los Naranjos y que provocaron un cambio sustancial en el aspecto del Monasterio.

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